TEMAS DE LA FILOSOFÍA

CONCEPTOS DE FILOSOFÍA, FILOSOFAR, PROBLEMAS FILOSÓFICOS Y PREGUNTAS FILOSÓFICOS.


FILOSOFÍA: Se define al corpus de tesis, argumentos, teorías y definiciones, que se han creado para demarcar, plantear y responder a los problemas filosóficos, así como para refutar o complementar respuestas dadas por otros.

FILOSOFAR: Es una actividad del pensamiento capaz de responder a los problemas de nuestro tiempo y de cuestionar las verdades aceptadas.


PROBLEMAS FILOSÓFICOS: Supone una concepción de que es la filosofía y cuáles son sus métodos de investigación, asuntos que son absolutamente polémicos. Berttolini Marisa, Langón Mauricio y Quintela Mabel afirma. “Se ha reconocido con frecuencia que el planteamiento de los problemas es una de las tareas filosóficas primordiales.

La problematización de todo lo que se le presenta, tanto de la realidad como de las proposiciones sobre ella es misión de la filosofía.

Y como lo más problemático es la filosofía misma, ella se convierte en su principal problema…Pero, en filosofía no se trata de coleccionar problemas, sino de trazar el marco dentro del cual los problemas adquieren sentido y ofrecen perspectivas de investigación.

La filosofía no trata simplemente cualquier problema sino, por lo menos, reflexiona también sobre el carácter del planteamiento del problema…” (¿Qué es Filosofía? Az Bs As 1997).

PREGUNTAS FILOSÓFICAS:Es una interrogante abierta, “no admite hasta ese momento una respuesta final”,sino que posibilita la existencia de múltiples puntos de vista al respecto y nos demuestra lo inconcluso de nuestro conocimiento.

Sin embargo Sócrates, Atenas [470 A.C. – 399 A.C] sostenía “Sólo sé que no sé nada”, está fue reconocida como la aceptación de la docta ignorancia o la ignorancia del sabio que valora el conocimiento adquirido pero que sin embargo percibe la lejanía del horizonte.

Además la pregunta filosófica es relativa puesto que el contexto para la búsqueda de posibles respuestas dependerá de un conjunto de supuestos personales o colectivos que si bien pueden afectar de modo universal a toda la humanidad en su conjunto no tienen por qué ser totalmente compartidos.

¿Aprende filosofía o aprender a filosofar?

Hay una gran diferencia entre “Aprender filosofía” y “Aprender a pensar”. Aprender filosofía significa abordar los contenidos propios de la filosofía. Conocer, comprender, y reflexionar sobre las preguntas fundamentales de la filosofía. Por otra parte “Aprender a filosofar” o “Aprender a pensar” se relaciona con la manera en la que comprendemos una pregunta filosófica, y no la respuesta en sí. Cuando aprendemos a filosofar se genera en nosotros una actitud crítica y reflexiva, que usamos para responder a los problemas de nuestro tiempo.

El origen del universo


¿La filosofía y el origen del universo tienen algo en común? Es más que claro que tienen algo en común, mejor dicho, tienen mucho en común, ya que la filosofía intenta explicar las cuestiones más generales del universo. Se entiende por “universo” todo lo que tiene que ver con el ser humano, desde la física, la metafísica, la sociedad (política, ética, moral, comercio, etc.), lo inefable (arte, música por ejemplo y amor), y millones de millones de cosas más. El universo es el objeto de estudio de la filosofía. Todo está relacionado, ya que el universo y su conocimiento es la razón de la filosofía. El origen del universo, el origen de los tiempos, el origen de la materia, del espacio… Nada queda afuera de este sistema, ni siquiera el pensamiento; por mínimo que sea.

Existen diversas teorías sobre el Origen del Diverso, están las del Creacionismo y las del Evolucionismo, están las teorías de Aristóteles, Darwin, Galileo, Newton. Y muchas más teorías.

Una de las más aceptadas es la teoría del Big-Bang o gran explosión, supone que, hace entre 12.000 y 15.000 millones de años, toda la materia del Universo estaba concentrada en una zona extraordinariamente pequeña del espacio, y explotó. La materia salió impulsada con gran energía en todas direcciones. Los choques y un cierto desorden hicieron que la materia se agrupara y se concentrase más en algunos lugares del espacio, y se formaron las primeras estrellas y las primeras galaxias. Desde entonces, el Universo continúa en constante movimiento y evolución. Esta teoría se basa en observaciones rigurosas y es matemáticamente correcta desde un instante después de la explosión, pero no tiene una explicación para el momento cero del origen del Universo, llamado "singularidad".

La Biblia enseña que Dios creó el universo y todo lo que en él hay. La teoría de la evolución enseña que el hombre es producto del desarrollo de formas simples de vida a formas más complejas, por azar. Tal como una máquina que se construye a sí misma. La teoría de la evolución descarta la necesidad de un Creador inteligente o un Diseñador Maestro.

En astronomía, Aristóteles propuso la existencia de un Universo esférico y finito que tendría a la Tierra como centro. La parte central estaría compuesta por cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua.

La visión del universo de Aristóteles fue una visión que satisfizo a la sociedad y a los científicos hasta el Siglo XVI, aunque con algunas variaciones. Fue la más aceptable hasta su fin. Esta teoría contempla, básicamente, el por qué de los movimientos físicos de la Tierra, que consecuencias conllevan, etc. Todo esto basado en los principios religiosos de la época.

Los principios fundamentales son:

Hay dos regiones en todo el universo. La supralunar (mas allá de la Luna) y la Sublunar (por debajo de ésta) Cada una de las regiones tenían sus propias características.

La región sublunar, terrestre, es imperfecta, ya que elk movimiento rectilíneo lo hace así. En ella están los 4 elementos conocidos: agua, tierra, fuego y aire.

La región supralunar, el celeste, es perfecta, ya que el movimiento es circular, y por lo tanto, más sublime. En esta región solo hay éter, por el cual están constituidos todos los astros. Esta materia es divina, y por lo tanto, perfecta.

El anterior cambio de cosmología, el giro copernicano, causó muchas respuestas, pero también abrió paso a nuevas cuestiones, como por qué caen los cuerpos o cómo es posible que la Tierra se mueva y no nos demos cuenta. Newton alcanzó a responder muchas de las preguntas consecuentes del giro copernicano. Marcó 3 principios fundamentales que ayudaron a asentar con razonamientos válidos, matemáticos y objetivos, sus nuevas teorías.

Principio de inercia: Todo cuerpo tiene a seguir en su estado presente.


Principio fundamental: La fuerza que actúa en una molécula está relacionada de manera directamente proporcional a su aceleración

Principio de acción y reacción: Una molécula que ejerce una fuerza sobre otra, hace a la otra desprender la misma fuerza en sentido opuesto.

Pero esta explicación que ofrece la ciencia no evita que, desde la filosofía, se siga preguntando: ¿Qué sucedía antes del momento inicial del big bang ¿Tiene el universo una finalidad o ha resultado así por puro azar? ¿Hay un único universo o varios universos? ¿Hay vida en otros mundos? ¿La Tierra constituye un caso especial?

Son cuestiones que admiten respuestas diversas. La ciencia asume el reto de responderlas, pero algunas de ellas escapan de su dominio. Y es al tratar de responder las cuando surge la necesidad de un saber que no se reduzca a la mera explicación científica, a veces incompleta y parcial por su estricta dependencia de los hechos observables. La ciencia da sus explicaciones a los fenómenos naturales que constituyen el entorno del ser humano y condicionan su vida. Pero esas explicaciones dejan abiertas otras dimensiones de la realidad y permiten numerosas preguntas que estimulan a seguir investigando y que justifican la existencia de un saber como el filosófico que, desde una actitud crítica, trata de ayudar a comprender de dónde viene el mundo y cuál es nuestro puesto en él

El sentido de la existencia

Esta pregunta ha atormentado a la humanidad durante siglos y todavía no hemos encontrado una respuesta que consiga llenar el vacío que produce la pregunta. Aquí va una respuesta: La vida o la existencia humana en general es algo demasiado grande, impredecible, abstracto, variable y poco tangible. Además, no tiene por qué tener un único sentido. Desde un punto de vista estadístico somos una casualidad, desde el punto de vista de Darwin somos primates que evolucionaron, desde un punto de vista químico se podría decir que somos el resultado de unas determinadas reacciones químicas, desde un punto de vista religioso somos seres que estamos de paso en este mundo, o incluso se puede llegar a pensar que somos el juguete o el experimento de un Absoluto. Existen demasiados puntos de vista como para encontrar un factor común de todos ellos.

Podríamos pensar que lo que nos hace ser humanos está dentro de nosotros y es como una fuente de la que emana nuestro ser y el sentido de nuestra existencia. Podríamos pensar también, que nuestra existencia está totalmente realizada o, tal vez, que somos como una arcilla informe que se va modelando, como lo haría un artesano, con cada una de nuestras decisiones.

Si la existencia tiene un sentido habría que comenzar a buscarlo en alguna de éstas direcciones o, de ser posible, en las dos. (Y el dos es realmente significativo, es un “número casi existencial”, en todo hay dos opciones: o se es bueno o malo, es verdad o mentira, es izquierda o derecha, se vive o se muere).

La primera dirección es poner el sentido de la existencia en el interior del hombre, es verdad que no es un ser limitado, sino abierto: puede conocer, amar, soñar, temer, odiar, esperar o desesperar y lo más fundamental reflexionar. Desde esta perspectiva, buscando el sentido de la existencia en el interior del hombre, podríamos decir que su razón de ser y su fin es el autoconocimiento. El sentido de la existencia sería el reconocerse como distinto, autónomo y autárquico. Surgen así las siguientes preguntas:

¿Distinto a qué? Por sus capacidades (físicas) y facultades (mentales), el hombre es claramente distinto al resto de la naturaleza. Sin embargo existe un punto común donde el hombre no puede sentirse ajeno al reino animal. Comparte las mismas funciones biológicas generales: nace, crece, se reproduce y muere. Y aquí encontramos nuevas semejanzas y diferencias: el hombre, al igual que los animales, no elige nacer. Sin embargo puede saber que se desarrolla, puede optar por reproducirse o no y puede pensar, reflexionar, temer, esperar o buscar; la muerte.

¿Cómo crea sus propias normas? Crea sus normas como una forma de preservar la libertad. Puede optar por hacer el bien o el mal, en la medida de lo que considere bueno o malo. En sí, las normas que el hombre cree para regir su vida son aquellas que él considera le permitirán alcanzar sus máximas aspiraciones.

¿En qué consiste su propio gobierno? En la capacidad de obrar sin determinación de “el otro”, sin que sus elecciones estén forzadas por nada externo a su voluntad.

La segunda dirección es plantear el sentido de la existencia desde una esfera exterior al hombre.

Siguiendo con las semejanzas y diferencias entre el hombre y los animales, encontramos aquí otra similitud: el hombre aislado del hombre se deshumaniza. El hombre fuera de todo contacto con “lo humano” se animaliza. Pierde todo lo que lo distingue del resto de los animales.

Desde el comienzo mismo de la existencia, sea considerado en el momento de la concepción o de la primera sinapsis o en el que fuere, el hombre necesita de “el otro”.

La muerte 

A lo largo de la historia, la muerte ha sido entendida por la filosofía como una pegunta de primer orden, una especie de “situación límite” en términos de nuestra realidad finita y contingente. Ana Cecilia Monteagudo nos plantea la postura de no intentar responder la pregunta “¿Qué es la muerte?”, tampoco tratar de colocarla dentro de un marco escatológico (de los fines últimos), sino más bien confrontar el sentido de la vida con la temporalidad de la empresa humana.

La muerte se ve de manera distinta dependiendo de la cultura. Hay quienes afirman que no le temen, y cuando se llega a la vejez la anhelan y la reciben con una sonrisa. Pero, ¿qué pasa después de morir o qué significa la muerte? Estas preguntas intrigan a filósofos, quienes han debatido sobre todo el significado de la vida y la muerte. Pues como dijo Séneca, nada es tan cierto como la muerte; y San Agustín “todo es incierto; sólo la muerte es cierta”.

Platón afirmó que la filosofía es una meditación de la muerte. Toda vida filosófica, escribió después Cicerón, es una commentatio mortis. Veinte siglos después Santayana dijo que «una buena manera de probar el calibre de una filosofía es preguntar lo que piensa acerca de la muerte». Según estas opiniones, una historia de las formas de la «meditación de la muerte» podría coincidir con una historia de la filosofía. Ahora bien, tales opiniones pueden entenderse en dos sentidos. En primer lugar, en el sentido de que la filosofía es o exclusiva o primariamente una reflexión acerca de la muerte. En segundo término, en el sentido de que la piedra de toque de numerosos sistemas filosóficos está constituida por el problema de la muerte. Sólo este segundo sentido parece plausible.

Por otro lado, la muerte puede ser entendida de dos maneras. Ante todo, de un modo ambiguo, luego, de una manera restringida. Ampliamente entendida, la muerte es la designación de todo fenómeno en el que se produce una cesación. En sentido restringido, en cambio, la muerte es considerada exclusivamente como la muerte humana. Lo habitual ha sido atenerse a este último significado, a veces por una razón puramente terminológica y a veces porque se ha considerado que sólo en la muerte humana adquiere plena significación el hecho de morir. Esto es especialmente evidente en las direcciones más «existencialistas» del pensamiento filosófico, no sólo las actuales, sino también las pasadas. En cierto modo, podría decirse que el significado de la muerte ha oscilado entre dos concepciones extremas: una que concibe el morir por analogía con la desintegración de lo inorgánico y aplica esta desintegración a la muerte del hombre, y otra, en cambio, que concibe inclusive toda cesación por analogía con la muerte humana.

“la muerte nos señala el fin de la naturaleza humana, así como la ciencia del hombre. Pero es allí donde comienza su trascendencia y ascensión espiritual”. Agustín Basave.

Todo hombre debe encaminar su vida hacia lograr una trascendencia mas allá de la muerte, porque en este sentido se busca alcanzar una realización personal y la muerte resulta un proceso menos angustiante al no significar tan solo el fin de la vida, sino mas bien resulta un nuevo estado al cual está encaminado todo ser humano.

Más allá de una angustia personal ante la muerte, todo hombre o mujer de avivar su ánimo en preparase para afrontarla naturalmente y espiritualmente. Así como la oruga logra una metamorfosis para convertirse en una mariposa, en el hombre al ocurrir la muerte ocurre una especie de metamorfosis a la cual es su inevitable por tanto debe prepararse para afrontarla de la mejor manera que es una plenitud humana y personal.

La filosofía y la ciencia terminan con la muerte del ser humano. He aquí la última frase de Sócrates: “Pero ya es hora de irse: yo a la muerte, vosotros a la vida. Quien después de nosotros se encamine hacia un estado mejor, será desconocido por todos nosotros,…”

El origen del mal

La pregunta por el origen del mal ha estado presente en varios pensadores y, Hegel elaboró una respuesta lucida a este respecto. Procederé problematizando el desarrollo hegeliano del origen del mal en la Fenomenología del Espíritu, concentrado esfuerzos en el trípode del Das Gewissen. Die Schöne Seele y el despliegue necesario del Das Böse de la certeza moral en el Espíritu cierto de sí mismo. No obstante, la variación de schlecht no será centro de mi presentación, pues esbozaré más una ruta para la discusión en torno al origen del mal, no rastrear quién es el individuo malvado.

Todos sabemos que el ser humano se comporta, en ocasiones, con maldad. Dejaremos para otra ocasión qué se entiende por maldad y cómo puede diferenciarse, sin duda, de la bondad: cualquiera de nosotros sabría hacerlo, por supuesto, aunque seguramente no sabríamos explicar cómo lo hacemos.

Bien, el caso es que los hombres tienden a la maldad. Entonces, el problema radica en saber de dónde proviene ese mal, es decir, cuál es su origen. Si llegamos a conocerlo quizá podamos actuar en consecuencia y erradicarlo, al menos en parte, de nuestras vidas, porque toda maldad es perniciosa, aunque esto lo matizaremos al final del presente apunte.

Ha habido, históricamente, dos posturas ante este problema, radicalmente diferentes. Una se relaciona con la posición teológica occidental, la cual ve al hombre como inherentemente malo. Dado que su maldad le es propia y nace en su seno, hay que coartarlo continuamente para evitar que la muestre y le dé salida. La solución para ello es el "contrato social", mediante el que los hombres se ponen de acuerdo en reprimir sus impulsos malvados, actuando todos juntos en pos del beneficio común de la civilización.

De esto se deriva que todo aquel que se sitúe fuera de una sociedad, en un "estado de naturaleza", al no reprimir tales impulsos representaría el más puro salvajismo, como Thomas Hobbes describió a los indios americanos.

Podríamos resumir esta postura de la forma siguiente: la sociedad, y en concreto, la sociedad occidental, humaniza al hombre, y los sistemas políticos que de ella se derivan son los idóneos para mantener a raya la maldad.

Por otra parte, la postura opuesta en este tema, minoritaria y escasamente representada, sostiene que el hombre en la naturaleza, es decir, que carece de la cultura occidental, es el verdaderamente puro y bueno. Sería precisamente el hecho de estar incivilizado lo que provocaría la bondad, porque su contraria, la maldad, tan sólo aparece cuando existen estrechas relaciones entre los hombres y se les obliga a seguir unos compromisos para mantener a aquella, la maldad, precisamente entre barrotes. En definitiva, según esta visión "son la sociedad en sí misma o el contrato social, vistos como una degeneración, quienes se convierten en fuerza corruptora que desmoraliza al hombre".

Habría, por lo tanto, que suponer que debido a las condiciones en las que el hombre se ha visto forzado a existir, es decir, en sociedad y en contacto con otros semejantes, ha perdido su bondad, la cual existía, y existe aún, en ciertas sociedades "primitivas".

Es una cuestión personal abrazar una u otra postura, tanto da considerar que la sociedad humaniza y evita el mal como que corrompe y da salida a dicho mal. Y es indiferente porque seguramente el mal, sea cual sea su origen, late en nosotros vivamos en sociedad, en la naturaleza, rodeado de hombres y comprometidos con las leyes, o libres de toda imposición, entre las bestias y con la luz del Sol como único guía moral.

La ciencia

Proviene del griego "episteme", traducido al latín por "scientia", etimológicamente significa "conocimiento verdadero", conocimiento basado en razones sólidas. En este sentido fue considerada ciencia la filosofía hasta la modernidad, en que el término empieza a utilizarse con un significado distinto que, bajo la denominación de "Nueva ciencia", rechaza que el conocimiento consista en el conocimiento de las esencias y el recurso exclusivo al método deductivo, liberándose también así de la teología.

En la actualidad se entiende por ciencia todo saber que se pueda presentar como un conjunto sistemático de conocimientos racionales y cuya validez pueda ser demostrada mediante métodos lógicos o empíricos (según hablemos de conocimientos propios de las ciencias formales o de las ciencias empíricas).

La relación entre filosofía y ciencia, generalmente se concibe de dos maneras. En un caso, se supone que la filosofía debe ser enteramente compatible con la ciencia y que la debe tomar como referencia, siendo ésta la filosofía científica. En el otro caso, se supone que la filosofía ha de tener vida propia sin responder a ninguna otra rama del conocimiento, a la que podríamos denominar filosofía especulativa.

La utopía

En el lenguaje cotidiano usamos la palabra "utopía" para referirnos a algo deseable pero inalcanzable, algo que queremos, pero que está más allá de nuestras posibilidades presentes e incluso futuras. Y aplicamos el adjetivo "utópico" tanto a situaciones particulares diarias como al orden social en su totalidad. En suma, para nuestro sentido común, "utópico" es sinónimo de carente de realidad.

De origen griego, la palabra "utopía" significa literalmente "lugar irreal, no existente". Se trata de un neologismo usado por primera vez por Tomás Moro en el siglo XVI para referirse a una isla ficticia, donde sitúa una sociedad perfecta. Así, utopía nace como el nombre de un lugar que no existe.

Desde esta falta de realidad puede explicarse la connotación negativa que acompaña el uso actual de este término. Cuando se hacen propuestas de cambios en cualquier institución, si se dice que esas propuestas son utópicas, eso implica siempre una descalificación. Sin embargo esto no es necesariamente así.

La palabra empezó a emplearse después de la aparición del famoso libro de Tomás Moro (Ver), “Utopía”, en el que se describe un Estado ideal y la vida social racionalmente organizada de los hombres en la inexistente e imaginaria isla de “Utopía”. Desde entonces, la palabra “utopía” sirve para señalar una teoría fantástica sobre el régimen estatal ideal, sobre la sociedad ideal, una teoría carente de toda base real.

El concepto de utopía fue introducido por Moro. La utopía, por una parte, refleja algunas peculiaridades del régimen social que la engendra. Así, la utopía de Platón representaba, como dijera Marx, “la idealización ateniense del régimen egipcio de castas” t. 23, p. 379). Al mismo tiempo, las utopías contienen la crítica directa o indirecta de la sociedad existente y se denota el afán de enmendar sus defectos mediante la realización de ideales socio-político distinto. Hasta mediados del siglo 19 se desarrolló en el cauce de la utopía el ideal social socialista (Socialismo utópico). Después de la victoria de la revolución socialista en Rusia (y más tarde, en una serie de países) y de los éxitos reales alcanzados en la construcción de la nueva sociedad, así como en virtud de la crisis general del capitalismo, la ideología y la cultura burguesas revisaron el concepto de utopía. Aparecieron las llamadas antiutopías en forma de novelas prevenciones (“1984” y “Bravo mundo nuevo” de G. Orwell y de A. Huxley), parábolas satíricas y literatura de ciencia ficción (novelas de I. Asimov, R. Bradbury y otros). Las antiutopías suelen expresar la crisis de la esperanza histórica, proclaman insensata la lucha revolucionaria y subrayan que el mal social es ineliminable; no enfocan la ciencia y la técnica como fuerza que contribuye a la solución de los problemas globales y a la creación de un régimen social justo, sino como medio de esclavización del hombre, medio hostil a la cultura. Así pues, en el marco de la conciencia burguesa, la idea de la utopía llega a su autonegación lógica, aunque en dicha conciencia, además de las antiutopías pesimistas, existen también las pseudo-optimistas utopías tecnocráticas. Al mismo tiempo, adoptando la forma de novela de ciencia ficción, la utopía puede desempeñar hasta cierto grado la función de pronóstico de las relaciones sociales.

EL LENGUAJE

Los filósofos presocráticos proponen que el lenguaje es lo mismo que razón; que un ente que tiene lenguaje es un animal racional que al hablar puede reflejar el universo, y que el universo puede hablar de sí mismo a través del hombre. El lenguaje es equiparado a lo inteligible de la realidad y está estrechamente unido a ella.

Heráclito y Parménides coinciden en considerar el lenguaje como un aspecto de la realidad: la realidad hablante, y para muchos filósofos presocráticos es el lenguaje del Ser.

Los sofistas investigan el lenguaje desde la perspectiva gramatical, retórica y humana. Se ocupan de examinar en qué medida los nombres del lenguaje son o no convencionales y llegan a la conclusión muchos de ellos de que los nombres son convenciones que hacen los hombres para poder entenderse.

En la Edad Moderna comienza una filosofía del lenguaje. Los pensadores de esa época adoptan dos actitudes sobre el lenguaje. Una de confianza en el lenguaje y su poder lógico (los racionalistas) y otra de desconfianza (los empiristas).

Para los empiristas el lenguaje es un instrumento capital para el pensamiento, pero que hay que someter a crítica debido al abuso que se hace de él.

La filosofía del lenguaje alcanza su mayor desarrollo durante el siglo XX, llegando a considerar el análisis del lenguaje como el objetivo principal de la filosofía.

Las orientaciones analíticas como los neopositivistas se interesan en las cuestiones relacionadas con la estructura del lenguaje o de los lenguajes.

Es necesario un lenguaje que Sea y no el que aparenta Ser; y este no es ni el lenguaje científico ni el técnico, ni el descriptivo ni el explicativo ni el interpretativo, sino el “conmemorativo”, o sea el lenguaje como un “poetizar primario”, único modo en que puede efectuare la irrupción del Ser, el modo verbal del Ser.

Los pensadores contemporáneos estudian el valor simbólico del lenguaje, como Saussure, Levi Strauss, Freud, Lacan y otros.

El giro lingüístico

Consiste en La teoría formulada por el señor Ludwing Wittgenstein la cual afirma que para hacer un análisis profundo y metodológico de la filosofía, primero hay que comprender e interpretar el lenguaje. Este fue uno de los primeros promotores del giro lingüístico que afirmaba que los principales problemas de la filosofía provenían de la mala interpretación y comprensión del lenguaje.

En la filosofía moderna el problema central fue el conocimiento basado en el origen de nuestras ideas y su justificación como VERDADERO o FALSO. En cambio en el la filosofía contemporánea el problema central es el significado.

El significado como la cosa nombrada

El significado como la cosa nombrada también conocida como la teoría fido-fido, que consiste en afirmar que el significado de una oración depende del significado individual de las palabras que la conforman en especial refiriéndose a cosas especificas y existentes.

El significado en las oraciones sobre las cosas que no existen

El significado en las oraciones sobre las cosas que no existen consiste en las oraciones que tienen un significado imaginario o irreal, pues son cosas intangibles o inexistentes en la realidad pero que tienen un significado por la descripción que nos han dado. Por ejemplo el significado que puede tener la palabra superhéroe, mutantes, unicornio, hadas, etc.

El significado en las actitudes proposicionales

El significado en las actitudes proposicionales consiste en la interpretación o el significado que se le dan a los objetos de acuerdo a la proposición que lo acompañe, por ejemplo “un niño gordo, un niño flaco”. Puede ser el mismo niño, pero la proposición modifica el significado. La proposición nos dice como es el objeto.

El significado y la verdad

Según la filosofía, la verdad es un concepto abstracto que no tiene una definición precisa. Tiene una estrecha relación entre lo que se piensa, se dice y se hace.

El significado y el contexto

El significado puede variar dependiendo del contexto en el que se expresen las palabras.

El lenguaje y el conocimiento

Solo es posible adquirir conocimiento a travez del lenguaje, hay conocimiento teórico o intelectual y conocimiento práctico o vivencial.

CONCEPTOS DE LA LÓGICA, LÓGICA FORMAL E INFORMAL.


LA LÓGICA: Es una rama de la filosofía que se encarga de estudiar la validez de la argumentación y de la inferencia.

LÓGICA FORMAL: Es el estudio de los argumentos mediante esquemas de inferencia formales.

LÓGICA INFORMAL: Es el estudio de los argumentos que se dan en contextos lingüísticos reales, en los que se usa el lenguaje cotidiano.

EJEMPLO:
Todos los dioses son inmortales    ---   PREMISA
Zeus es inmortal          ---    PREMISA
Por lo tanto, Zeus es inmortal     ---    CONCLUSIÓN

Todos los pandas son rojos     / PROPOSICIÓN
                   ¿Y esto que...?    /          FALSA

Los plátanos son una fruta dulce    ---      PROPOSICIÓN VERDADERA

Tablas de Verdad: Es un esquema donde, dada una proposición compleja, identificamos las proposiciones atómicas involucradas y evaluamos todas las posibilidades en que tales preposiciones pueden relacionarse en términos de sus valores de verdad.


FILOSOFÍA DE LA MENTE



LA PERCEPCIÓN Y LA SENSACIÓN


CONCEPTOS DE EMOCIONES, MEMORIA E INTELIGENCIA.







Filosofía del Arte (Estética)

Estética: se entiende por estética el estudio del arte:
De sus condiciones de existencia y de su naturaleza. Además, la estética propone un entramado conceptual que nos permite concebir el mundo del arte como parte de nuestra experiencia de vida.

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